Maldita sea,

¿Es que no tengo nada mejor que hacer que enamorarme perdidamente de alguien?
Que imbécil soy...
Por dios, ¡no!, ¡no hagas que me enamore! ...¡ten piedad!
Necesito un respiro... ¡si es que casi lo tenía superado! Y ahora... aparece el otro.

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